2. El pecado como transgresor del amor. #Teologíadelaliberación

Ya que el amor es la medida evangélica, ¿Qué es entonces el pecado que tanto hablan los cristianos? Es vivir la maldad.

Todo el que peca, hace maldad; porque el pecado es la maldad.

1ra  Carta de San Juan 3, 4

Acertadamente San Juan menciona lo que es la maldad:

Ustedes ya saben que Jesucristo vino al mundo para quitar los pecados, y que él no tiene pecado alguno. Así pues, todo el que permanece único a él, no sigue pecando; pero todo el que peca, no lo ha visto ni lo ha conocido. Hijitos míos, que nadie los engañe: el que practica la justicia es justo, como él es justo; pero el que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Precisamente para esto ha venido el Hijo de Dios: para deshacer lo hecho por el diablo. 

Ninguno que sea Hijo de Dios practica el pecado, porque tiene en sí mismo el germen de la vida de Dios; y no puede seguir pecando porque es hijo de Dios. Se sabe quiénes son hijos de Dios y quiénes son hijos del diablo, porque cualquiera que no hace el bien o no ama a su hermano, no es de Dios.

1ra  Carta de San Juan 3, 4-10

Si oramos estas palabras, el Espíritu Santo nos hará comprender que el pecado (maldad) es no permanecer unido a Dios. Al permanecer en Dios, vivimos lo que es de Dios, esto es, el amor. Por esto mismo, la medida evangélica es el amor, pues todo lo que no sea amor, no es de Dios.

El pecado es un transgresor del amor, pues es un transgresor de Dios.

Muchas son las formas de transgredir el amor, de igual modo que muchas son las formas de estar unido a Dios.

Estar unido a Dios es seguir el mandato evangélico:

¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús contestó: El primer mandamiento de todos es: “Oye Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” Pero hay un segundo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Ningún mandamiento es más importante que estos.

Evangelio de San Marcos 12, 28-31

Por eso mismo, la mejor forma de conocer si se está unido a Dios es poner la vida entera bajo la lupa del amor a Dios y al prójimo.

¿Quién es la que se va unir a Dios? La persona, aquel ser vivo que es animal, racional y sobrenatural. Por tal motivo, la naturaleza animal deberá dirigir todo su deseo al amor (Dios y al prójimo), la naturaleza racional deberá dirigir todo su entendimiento al amor (Dios y el prójimo) y la naturaleza sobrenatural deberá dirigir toda su voluntad al amor (Dios y al prójimo).

Por esto mismo,  encontramos hermanos en este camino de unión que predican con la palabra (entendimiento), pero no con las acciones (voluntad); hermanos que viven plenamente el amor al prójimo en las acciones (voluntad), pero que de repente pecan en la palabra por una falta plena de conformación de su entendimiento a Dios; personas santas a la luz de la sociedad, pero que aún no dominan sus pensamientos contra el  prójimo. Muchas combinaciones más podemos encontrar, producto del camino hacia el desarrollo personal en plenitud, el cual solo puede alcanzarse con Dios.

¿Qué hay de todas aquellas personas que aman al prójimo y no aceptan la existencia de un Dios presente? Solo puedo repetir las ideas de la filósofa alemana Edith Stein, posteriormente conocida como Santa Teresa Benedicta de la Cruz,  mencionando al respecto: Quien busca la verdad, busca a Dios, aunque no lo sepa. Y es que buscar a Dios no solo es imaginárselo con barba blanca, no solo es ir a una Iglesia, no solo es dirigirle palabras internas, no solo es creer, no solo es vestir un hábito, no solo es ordenarse sacerdote, no solo es convertirse en pastor o religioso, no solo es elevar un cántico aplaudido con amor. No, también la búsqueda de Dios se hace por medio de la búsqueda de la verdad, y la verdad tiene muchas caras y matices, entre ellas, la justicia, la caridad,  la compañía, la tolerancia, el cocinar incluso y muchas otras manifestaciones del amor, el otro nombre de Dios.

 Estos mandamientos no están dados por un autoritarismo  natural, sino porque el único motivo por el cual Dios se revela al hombre es por amor. El mensaje evangélico no es un colonialismo espiritual de Dios para el hombre en el que Dios pone sus reglas fiscales de lo que deben de darle. Del amor solo se beneficia el ser humano, de igual modo que con el pecado solo se perjudica el ser humano.

El pecado de la mentira solo se perjudica el ser humano, porque vivir  la mentira es una fuga de la realidad. Y le perjudica no solo momentáneamente, sino que lo bestializa un poco más, y las relaciones con sus entorno.

El pecado del robo solo perjudica al ser humano, porque le impide vivir en armonía con la sociedad, con él mismo, con su propia realización. Y le perjudica no solo momentáneamente, sino que lo bestializa un poco más, y las relaciones con sus entorno.

El pecado del asesinato le perjudica al ser humano, porque le hace tener una visión errada de su propio valor.  Valoramos nuestra existencia en la medida de como valoramos a los otros seres humanos, al prójimo. Y le perjudica no solo momentáneamente, sino que lo bestializa un poco más, y las relaciones con sus entorno.

El pecado de la lujuria, incluso de pensamiento, perjudica al ser humano, porque borra la visión completa del prójimo y solo toma lo que le es útil dejando o no valorando la plenitud del ser humano. Y le perjudica no solo momentáneamente, sino que lo bestializa un poco más, y las relaciones con sus entorno.

Y cuando pasando los días, ya bestializado, la realidad del entorno se vuelve ajeno y claramente resalta su incapacidad de entrar en comunión con el prójimo. Es aquella persona que es incapaz de vivir en paz en su propia familia, y no contribuyendo la perjudica incluso. Es aquella persona que no es capaz de tener amigos, pues en su corazón abusa del prójimo, le usa y eso tarde o temprano se manifiesta también en los actos externos con desamor. Es aquella persona que resalta porque no sabe escuchar, porque solo le interesa su persona. Es aquella persona que abusa de su puesto de trabajo, y por lo mismo, los beneficios de su actividad no se desarrollan plenamente. Es aquella persona que contribuye a no hacer nada teniendo oportunidad de hacerlo. Es aquella persona que es injusta, o que no hace nada por verla en el prójimo. Es aquel empresario que utiliza al ser humano como mera herramienta, extrayendo solo su valor de uso para su empresa y escupiendo a la basura lo demás. Es aquel empleado que carece de sentido en su vida, y solo trabaja por matar el tiempo y por distraerse de sus sueños frustrados que fue incapaz de luchar. Es aquel político que solo hace lo necesario para mantener su extracción  de capital y beneficiarse personalmente dejando a lado la vocación que originalmente lleva un puesto público. Es aquel sacerdote que cómodamente se instala en su status quo. Es aquel cristiano que critica destructivamente al hermano de otra religión o comunidad. Es aquel ateo que ve inferior intelectualmente al que vive su fe. Es aquel creyente que ve como perdido al ateo. Es aquella persona que ve al asesino como hijo del diablo. Es aquel que corre a diario por tener, por poseer, sin atender nada más. Es aquel flojo que la pereza es su constante de vida. Es aquel que le da click a un video pornográfico y fomenta con ello la explotación sexual y la depravación personal y social. Es aquel que maltrata un perro. Es aquella persona que ve solo como objeto de placer o interés a su pareja.

El pecado (la maldad), nos bestializa. Por esto mismo, el pecado únicamente nos perjudica a nosotros, y la unión a Dios es la única otra alternativa, el camino del amor.